Este pequeño libro digital te muestra a través de casos reales cuales son los síntomas y las causas de la ANSIEDAD (fobias, ataques, obsesiones, estrés, etc), y Como Puedes Salir de Ahí

 

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Dra. Diana Ohana

 

 

 

La ansiedad es un trastorno que deriva en múltiples manifestaciones, mientras que a unas personas les afecta sutilmente mermando su salud y capacidades poco a poco, a otros les aparece de forma súbita con episodios como los famosos ataques de pánico.

El estrés es ya reconocido por algunos estudios científicos como la causa del 90 % de las enfermedades, por lo que el tratamiento de la ansiedad es de vital importancia para nuestra salud. La ansiedad no es solo un estado de nervios, descontrol y miedo, esconde un peligroso ataque de estrés para el cuerpo.

Lo que está claro es que la ansiedad, de una forma u otra, nos impide vivir la vida de manera placentera y nos limita tanto personal como profesional o sociálmente.

¿Qué es el estrés?

Es cierta tensión a la que estamos sometidos todos los seres humanos y que nos permite adaptarnos a las situaciones de nuestro entorno.

Es una respuesta natural que tenemos como seres humanos y que nos permite la supervivencia.

Pese a esto hoy en día se asume como algo patológico porque se vive como grandes cargas de tensión en las distintas áreas de nuestra vida que pueden ocasionar dificultades en el organismo impidiendo su funcionamiento normal y ocasionando alteraciones en el sistema nervioso, hormonal, problemas de memoria, concentración, irritabilidad, dolores corporales entre muchas otras cosas.

Cuando el estrés se convierte en nuestra forma de vida, es decir en crónico se relaciona con los trastornos de ansiedad.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una herramienta que tenemos y que nos permite ponernos a salvo de situaciones peligrosas.

Tiene una función muy positiva por que lo que busca es que nos protejamos y nos cuidemos.

¿Pero si es una herramienta tan positiva en la vida como es que en nuestro caso no es de esta manera?

Esto tiene una explicación muy sencilla percibimos el mundo a través de nuestros sentidos y esta información que obtenemos a través de ellos, la llevamos a nuestro cerebro donde es procesada y almacenada.

Cuando por algún motivo percibimos una situación como peligrosa nuestro cuerpo se prepara para huir de ella, esto ocurre por que se activa un instinto natural y normal que tenemos todos los seres humanos que es la supervivencia.

Nuestro corazón late rápidamente, nuestra respiración es rápida, y tenemos cambios a nivel motor por que nos estamos preparando para un esfuerzo físico.

Huir de la situación y evitar el peligro

Además de la reacción de huida nuestro cerebro almacena esta información y la guarda en sus bancos de memoria, de tal forma que la próxima vez y como medida de protección sabremos como acceder en milésimas de segundo a esa información y responder nuevamente a una situación donde sentimos que hay un peligro.

Además de esas respuestas a nivel motor, en nuestro cuerpo también se producen sentimientos y sensaciones, es así como no solo nuestro corazón late mucho más rápido o nuestra respiración es agitada, “sentimos miedo” “angustia” “ansiedad”

¿Qué ocurre entonces?

Que asociamos el estímulo con la experiencia, la vivencia y las sensaciones.

La conexión entre el estímulo y el sentimiento de miedo o de angustia es tan fuerte e impactante que hacemos una conexión muy fuerte con ello.

Lo cual nos da como resultado que el estímulo o parte de él es capaz de hacernos reaccionar como si estuviéramos en una situación de peligro.

Nuestro sistema de alertas está aumentado y la sensación del peligro nos hace estar en estado de alerta todo el tiempo, con lo cual esa conexión entre el estímulo y la respuesta hace que cada vez el sistema de alarmas está mucho más sensible.

Es como si su nivel de tolerancia fuera muy bajo, con lo cual se dispara mucho más rápidamente.

Necesitamos sentirnos confiados y seguros entonces estamos a la expectativa y en continua vigilancia para que nuestro sistema no vaya a fallar.

Es como estar a la expectativa en una estación de bomberos, sin poder descansar, por miedo a que suene la alarma por que tenemos la duda de si la alarma va a sonar en el momento en que se requiera.

Pero lo que ocurre contrariamente a lo que estamos buscando es que este estado de alerta está tan aumentado y estamos tan a la expectativa que terminamos por agotarnos y cuando necesitamos nuestro sistema para poder actuar no estamos en las mejores condiciones para ello.

Nuestro sistema está sobre cargado, recalentado y agotado y lo pero de todo es que nuestro cuerpo no está diseñado para soportar estos niveles de estrés con lo cual tenemos dificultades a nivel físico.

Lo que nos lleva a estar irritables, malhumorados, agotados, muy estresados para poder dormir y a tener problemas a nivel personal, profesional, familiar, y social. Además a tener la sensación de que no somos nosotros los que controlamos nuestra vida sino de que esta es controlada por la ansiedad.

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En búsqueda de la tranquilidad perdida

Muchas veces la angustia nos lleva a buscar todo tipo de soluciones que no siempre son las más adecuadas y que muchas veces terminan por adicionar las consecuencias secundarias de nuestra “solución”

Me refiero a que por evitar la angustia o el problema que la origina utilizamos alcohol, drogas, compras compulsivas, tranquilizantes, ansiolíticos.

El común denominador de todas estas “soluciones” es que nos volvemos dependientes de ellas, y las necesitamos cada vez que estemos a punto de tener una taque de ansiedad, además de ello, es muy posible que necesitemos dosis mayores o cambios de medicamentos, combinaciones de drogas y alcohol por que nuestro cuerpo se vuelve tolerante a ellas o a un grupo de ellas, es decir nuestro cuerpo se ha acostumbrado a ellas.

Además que una vez que desaparece el efecto de la “solución” nuestra ansiedad sigue latente, entonces necesitamos más y más dosis de la “solución”, para permanecer en ese anhelado estado de calma, por que lo que lo que hacen es que mantienen “dormido o sedado” el problema.

En la historia que nos cuenta nuestro amigo el taxista, su búsqueda de alternativas no está en la línea de las soluciones adecuadas, por que el problema no es la intolerancia al ruido, es un síntoma de su problema de ansiedad, de las dificultades que tiene consigo mismo y con su trabajo.

EL estrés y la ansiedad a la que se ve sometido día a día lo lleva a asociar el ruido con la dificultad, su sistema de alerta está tan aumentado que el ruido de los pasajeros, el ruido en las calles, el de sus hijos y posteriormente el del ruido del motor lo llevan a que se le “dispare” su sistema de alerta y con ello la ansiedad.

Dicho en otras palabras cualquier ruido en su vida diaria es capaz de “conectarlo” con la ansiedad con la falta de control y con la irritabilidad.

Conllevando con ello problemas mayores por que nuestro cuerpo no está diseñado para vivir en un estado de alerta continuo y esta ansiedad debe salir por algún sitio dando la posibilidad que se generen todo tipo de enfermedades somáticas, cardíacas, alteraciones de la presión arterial, ansiedad generalizada o ataques de pánico.

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